Desconectados y al borde de un ataque de nervios

Desconectados y al borde de un ataque de nervios

Por Obed Campos

Que las manzanas no huelen
que nadie conoce al vecino,
que a los viejos se les aparta
después de habernos servido bien.

Joan Manuel Serrat.

Lunes extraño sin redes sociales…
En algún muro de Facebook alcancé a leer ayer en la mañana, poco antes del “apagón”: “Somos una generación extraña, mandamos los hijos a la guardería, y a los padres al asilo, pero sacamos a los perros de paseo…”


Amarga cavilación pero no podría estar más acertada con la gente de nuestra generación, y es que ayer lunes con lo del apagón tecnológico que afectó a Whatsapp, Facebook e Instagram, además de otras redes sociales, como no nos quedó de otra, muchos descubrimos que es posible tener relaciones humanas y practicar el español oral con personas reales y sin la intervención de ningún artilugio electrónico.


Vaya, precisamente ¡sin necesidad del Whatsapp, el Facebook o Instagram!
¿Cuántos millones de dólares bursátiles perdieron las redes sociales por este accidente? Probablemente nunca lo sabremos con certeza.


Mientras tanto, la desesperación debe de haber hecho presa de nuestros políticos, tan acostumbrados ellos y ellas a vivir como personajes de Second Life, como avatares de una existencia cibernética…


Porque desde que se pusieron en servicio las redes sociales, si ya de por sí les éramos ajenos totalmente a nuestros políticos y políticas, la lejanía entre esa clase y la nuestra, la de los ciudadanos de carne y hueso, se amplió en millones de kilómetros de bytes.


Pero ellos creen que el uso de la tecnología nos acerca…


Ellos y ellas creen que por el pago a las granjas de bots se les perdona que no conozcan ni siquiera la avenida Juárez y que si un día los sueltan en esa zona solos y sin acceso a Waze, corren el peligro de perderse para siempre.
Porque nuestros políticos y políticas ya no se ensucian los zapatos y menos se los enzoquetan, ya que no conocen una calle sin pavimento ni una plaza sin adoquines.


¿Cuántos millones de dólares bursátiles perdieron las redes sociales por este accidente? Probablemente nunca lo sabremos con certeza, como tampoco sabrán nuestros políticos y políticas cuán grande oportunidad de conocer el mundo real y a la gente de carne y hueso se les pasó de noche.


Ojalá y esta “amarga” desconexión nos haya servido a todos de ejercicio y practiquemos, como ejercicio sanitario mental, el apagón voluntario y el abandono momentáneo de estos artilugios que mucho sirven, pero también tanto envician.


Y en esa “zona oscura” sin aparatos, acercarnos al calor de quienes sí nos quieren bien y de a deveras, es decir, nuestros semejantes y nuestros familiares.


Lo que sí es que la caída que enmudeció a las redes no sé si nos hizo regresar a la poca humanidad que aún nos queda.
obedcampos@gmail.com
@obedc

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