DESDE LA PARROQUIA. La señora Yunes o el síndrome Peña Nieto

DESDE LA PARROQUIA. La señora Yunes o el síndrome Peña Nieto

Por Mar Morales

Antes de que empiece usted a torcer la boca en señal de fuchi le sugiero que analice lo que le voy a decir con la cabeza fría y si gusta, puede desmentirme.

De entrada le digo que estamos mal.

Y no vaya a creer que de plano me molesta la belleza ajena, sea en hombre o en mujer, nada que ver, pero de verdad, insisto, estamos mal.

Recuerdo perfecto cuando el impresentable Enrique Peña Nieto andaba queriendo sentarse en la silla del águila y hasta lo cazaron (así, con Z)  con una actriz de Televisa, muy guapa pero bastante venida a menos en su profesión. Las mujeres, muchas de ellas, no todas, no me eche bronca por favor, se sentían como partícipes de una novela rosa y cada que aparecía el entonces candidato brincaban de gusto como si estuvieran en un concierto de Luis Miguel o de Chayanne.

Guapo e irresistible lo veían y hasta alguien con muy poca creatividad y pésimo gusto le escribió una porra que se hizo famosa: “Enrique, bombón, te quiero en mi colchón”. Ay nanita, me acuerdo y me da náuseas pero ellas por vida de dios sentían mariposas en la panza cada que aparecía ese que ellas veían guapetón.

Pues ahí empezó la tragedia y por irse con la finta y tener sueños guajiros (por no decir húmedos) nos enjaretaron al “guapo” como presidente y nos cargó el payaso a todos.

Bueno pues algo así está pasando con la que se siente ya alcaldesa aunque esté en los tribunales el caso, la señora Patricia de Yunes (el “de” me sigue poniendo los pelos de punta, ya que mi formación feminista no tolera esas cosas, pero ese es otro tema).

Doña Paty, por ser rubia y fifí, ya tiene la simpatía de muchos, que creen que con esos atributos nos saca de pobres y nos lleva al primer mundo. Casi casi se sienten habitantes de los Países Bajos y seguro verá en las salas de belleza colas para teñirse el pelo de güero. No se ría, puede ser.

Tan a gusto se siente con su figura que modela, se retrata, se pasea y claro, don Miguelito el mandilón siempre detrás de ella. Vaya par. Yo les puedo jurar por la salvación de mi alma que jamás, lea usted bien, jamás, se preocuparán por las colonias en desgracia, que son la mayoría en nuestro bello puerto. 

No me diga que don Miguelito se ensuciará los zapatos en los predios, en Las Bajadas, en Tarimoya, en La Pochota y en cualquiera de las colonias populares que en serio, se caen a pedazos y si uno va circulando en su vehículo corre el riesgo de quedarse atorado en uno de los miles de baches que hay en toda la ciudad.

Si no lo hizo el cuñado de la señora, no lo hará tampoco ella, pero su hambre de poder los tiene ciegos y a los que creen que por “estar bonita” les cambiará la vida les sugiero que dejen de ver telenovelas porque la historia de la Cenicienta ya hace mucho que pasó de moda.

Ah pero eso sí, ya pusieron su casita blanca de transición para empezar a trabajar y la gente les cree que ya están en el puesto. Esa prisa por tener ya todo “en orden” me suena más a querer aparentar que en realidad a hacer algo y cuando se les caiga la elección ya los veremos tirados en el piso en modo víctimas para que salgan los militantes (pagados) a decir que los morenos son unas bestias de lo peor.

Yo le recuerdo a usted, sobre todo a usted, señora, señorita, que no vimos en su campaña una sola propuesta concreta sobre política de género que vaya más allá de lo trillado, de aquello que siempre se dice que se hará como evitar la violencia, como dar oportunidades y bla bla bla.

Cero política real de equidad, cero propuestas sobre el aborto, sobre educación sexual, sobre prevención del acoso y tantos, tantos temas que están sobre el tintero y que nunca se han llevado a cabo y que en este caso ni a propuesta llegaron poruqe la campaña la hizo el destronado Miguel y eso de la equidad no es en absoluto su preocupación, porque de serlo, no hubiera aventado al ruedo a la señora para que hiciera el ridículo de su vida.

La señora “de” Yunes pretende llegar al puesto como “señora de la casa” a lidiar con los “nacos” y las “nacas” (no se les olvide, así las adjetivó  ella misma cuando fue presidenta del DIF en Boca del Río) sin saber lo que las mujeres necesitamos realmente del otro lado de la banca.

De “Barbies”, duquesas, y “gente bien” estamos hartos. Nos importa un pepino volver a tener a un alcalde, presidente o político cualquiera con la foto bien tomada de la familia feliz en las portadas de las revistas. 

¿Sirvió de algo con Peña Nieto y su enorme prole de mantenidos? 

Se gobierna en las calles, en las banquetas, no en el balcón de un palacio.

Pero siga usted aplaudiendo la enésima llegada de los Yunes al trono. Eso sí, espere bien, porque como le digo, la torre se va a derrumbar. No se le olvide.

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