El Verdadero Veracruz. Seamos el milagro de nuestra ciudad
Foto cortesía de Nacho Abaroa

El Verdadero Veracruz. Seamos el milagro de nuestra ciudad

Por Mar Morales

Cuando era adolescente (corría el año cero) me gustaba sentarme en el malecón de mi bello Veracruz a sentir la brisa rozándome el rostro.

Veía la inmensidad del mar y hablaba con dios. Siempre pensaba que por más grande que fuera mi problema lo imponente del mar, su  inmensidad, nada se comparaba con lo que yo pudiera sentir y así me tranquilizaba.

Crecí recorriendo a menudo esa zona. Con mis padres, ambos ya en el cielo, me sentaba a comer en Los Portales y me encantaba la música de la marimba, el ruido de la gente, las palomas en el Zócalo, el ir y venir de todos los que por ahí pasaban y que yo imaginaba lo que irían pensando y cuál sería su destino.

Más tarde, ya siendo una mujer, llevaba a mi hija en brazos para que sintiera esa misma emoción con la que yo nací y crecí. A ella le fascinaba comer nieve, esas que todos conocemos, la del “güero, güera” y siempre terminábamos comiendo además elotes, palomitas y cualquier golosina que se pusiera en nuestro paso.

Foto: Nacho Abaroa

El Zócalo de Veracruz tiene para mí un significado especial: ahí mi hija caminó por primera vez. Qué digo caminó: corrió. Siempre ha sido tramposa e inteligente. Varias veces, en la casa, la noté que daba pequeños pasos y al sentirse descubierta se tiraba al piso y comenzaba a gatear.

Pero esa tarde, terminando de comer en Los Portales con mis padres, quise caminar un poco y despejarme del calor.

Avancé por los arcos del palacio municipal y al ponerla en el piso, como queriendo incitarla a dar unos pasos agarrada de mí, se soltó y empezó a correr. Mi padre, a un costado mío, corrió al lado de ella y las palomas iban levantando el vuelo al tiempo que ambos corrían y reían.

El momento fue mágico. Uno de los meseros del bar Palacio corrió detrás de ellos y les tomó una foto. La última vez que lo vi en ese mismo lugar y me acompaño mi hija, ya de quince años, recordó emotivo ese preciso instante.

¡Cómo no voy a amar a mi Veracruz si me ha dado tanto!

Foto : Nacho Abaroa

Por eso,  verlo agonizar debido a la pandemia que nos azota en el  mundo entero, sentía que el alma se me iba cada día que pasaba pensando en las carencias que tantas personas han tenido que soportar.

Hoy, las cosas empiezan a caminar  y gracias a las autoridades, a la sensibilidad y  coherencia del alcalde Fernando Yunes y sobre todo, gracias a los empresarios que se la están rifando por su gente, nuestro Centro Histórico está con vida.

Cada local, comercio, restaurante, está preparado para recibir a las personas con todas las medidas de seguridad sanitaria. Se ha sanitizado, se exige uso de cubrebocas, se toma la temperatura. Todo indica que podemos volver.

Y yo los invito a volver.

Quise empezar este texto hablando de cosas positivas, de cosas bellas, contarles el milagro de los primeros pasos de mi hija para invitarlos a ser el milagro de nuestra ciudad cuidándonos y cuidando a los que amamos porque a ellos, a los empresarios, a los pequeños comerciantes, a los vendedores de volovanes, a los meseros y a todo aquel que necesita de nosotros para volver a empezar, no podemos dejarlos solos.

“Uno con dios es mayoría, dos o más la totalidad”, decía siempre mi madre y hoy se los digo a ustedes para invitarlos a disfrutar de este lugar que tanto nos ha dado y que no merece morir.

Si  nos cuidamos,  avanzamos. El covid no se irá pronto pero nosotros nos sabemos ya cuidar. Empecemos juntos, con precaución, amando nuestra vida y amando nuestra ciudad.

Vamos a visitar nuestro Centro Histórico para escribir esta nueva historia que ya debe volverse a escribir en nuestro bello, en nuestro Verdadero Veracruz. ¿Se animan?

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