Entre el luto y la indolencia

Entre el luto y la indolencia

Por Mar Morales

Hace ya ocho meses que la pandemia por Covid-19 azota nuestro país.

Recordar es vivir, dicen, pero en este caso los recuerdos pesan, porque están marcados por la enfermedad, la muerte, el dolor.

Lo inevitable llegó: los muertos casi suman los cien mil en México y por tal motivo el presidente López Obrador declaró tres días de duelo nacional. 

Lo que no dijo, ni dirá, es que esas muertes pudieron evitarse.

Son meses, muchos meses en los que escuchamos y leemos que la culpa la tienen otros, que si la obesidad o la hipertensión, que si la diabetes… y sí, claro que somos y hemos sido un país enfermo y que éstos son solo algunos de los males que todos conocemos y que nos están amenazando de muerte, pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre.

Al presidente y a su equipo encargado de salvaguardar la salud de los mexicanos, con el doctor Hugo López Gatell, segundo de a bordo en la secretaría de salud y encargado de dar las ya poco creíbles y cada vez menos vistas conferencias informativas sobre el tema, les quedó grande la yegua. 

López Obrador se ha visto sumergido en estos meses de pandemia en la peor de las catástrofes: la guerra del odio. Para el presidente fue mejor querer demostrar que él iba a poder sacar adelante el país pese al covid para “callar a los adversarios” pero falló en el intento.

El odio y la obsesión por el pasado lo rebasaron hace ya mucho tiempo, tanto que mientras la gente moría él pensaba en las elecciones futuras, en sus programas sociales, en sus eternas giras.

Y así nos llegó noviembre.

Hoy, que estamos en esos días de luto nacional, mientras el primer mandatario colocó en palacio nacional una gran ofrenda y mencionó a las víctimas de la enfermedad que llegó de China, las disculpas y el dolor fingido no tienen lugar.

Los huérfanos, las viudas, los viudos, los niños que extrañan al abuelo o la abuela, los que extrañamos a un ser querido que la pandemia se llevó, merecemos más que una ofrenda o tres días de duelo.

Dejo una líneas pendientes para hablar de la pobreza, la marginación, el analfabetismo que serán en los meses venideros más graves que esta pandemia porque ahora no es el momento de hablarlo.

Lo que sí digo, desde el fondo de mi corazón, es que nos han fallado. 

Hoy las ofrendas a los muertos en los hogares tienen uno o varios lugares reservados para alguien que no debía morir aunque tuviera una enfermedad crónica o  tuviera determinada edad.

Ellos, los que se fueron porque a México llegó el covid, merecieron ser atendidos en un país mejor, un país cuyo gobernante se mantuviera firme en salvaguardar la vida de aquellos que le dieron su voto para llegar al poder, más allá del mal actuar de sus antecesores.

El tiempo, sin duda, es quien cobra al final la factura.

Ya lo hablaremos en una cercana elección. Esperemos. 

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