Marisela Escobedo, diez años después

Marisela Escobedo, diez años después

Por Mar Morales

El dolor de una madre por la muerte de su hija a manos de su agresor la llevó a la propia muerte.

Este es el caso de Marisela Escobedo, madre de Rubí y asesinada a las puertas del Palacio de Gobierno en Chihuahua.

De esos lamentables sucesos han transcurrido diez años y justo ayer, 16 de diciembre, en distintas partes del país se realizaron eventos conmemorativos para exigir justicia por parte de las autoridades.

Este caso, uno de tantos donde la violencia machista cobra vidas, ha dado la vuelta al mundo.

La muerte de Marisela fue física en ese momento, pero llevaba dos años muerta en vida buscando que el asesinato de su hija Rubí, de tan solo 17 años, no quedara impune.

Pero las cifras arrojan la verdad: en México el 97 por ciento de las denuncias por violencia hacia la mujer terminan en carpetazo o como en este caso, en homicidios

Marisela pasó dos años de agonía, pues su periplo comenzó en 2008, cuando Sergio Rafael Berraza, pareja sentimental de Rubí, comete el artero asesinato y desaparece el cuerpo de la joven, quemándolo, para después huir.

La desesperada madre se convierte en investigadora, en policía, en todo lo que fuera posible para dar con el paradero del homicida, pues nunca recibió apoyo por parte de la autoridad.

Finalmente Barraza aparece, es aprehendido y llevado a juicio, pero casi de inmediato es dejado en libertad.

Marisela luchó no solo contra el sistema machista y feminicida del que son parte muchos jueces en el poder judicial; se enfrentó, sin temor alguno ante una de las organizaciones delictivas más grandes que hay en México: los Zetas, pues el asesino de su hija era parte del crimen organizado.

¿Qué le esperaba a esta madre después de descubrir que las altas esferas del gobierno de Chihuahua, con César Duarte a la cabeza, tenían la marca del crimen organizado?  Por desgracia, la muerte.

Fue asesinada precisamente a las afueras del Palacio de Gobierno de esa ciudad, justo en el lugar donde se supondría tendría protección.

Marisela muere de un balazo en la cabeza y las cámaras de seguridad del lugar capturan el instante preciso en que su cuerpo se desploma.

Como ocurre en México se presentó a un asesino falso, de nombre José Jiménez el ‘Wicked’, aceptando que el autor intelectual era la pareja de Rubí, Sergio Rafael Barraza, miembro del cártel delictivo de los Zetas, quien murió dos años después en un enfrentamiento entre el ejército y los criminales del grupo al que pertenecía.

La historia desenmascara la podredumbre de un sistema judicial corrupto que por sí solo asesina. Pero también es una historia de amor y de dolor de una madre que perdió el miedo para exigir justicia y por ello ayer, a una década de los terribles sucesos, colectivos feministas y organizaciones de Derechos Humanos, así como la sociedad civil, alzaron la voz y rindieron homenaje a estas dos mujeres que por siempre serán recordadas y que forman parte de los nombres que se mencionan cuando se pide: ¡Ni una más!

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