Niñas teniendo bebés

Niñas teniendo bebés

Por Mar Morales

El título quizá los sorprenda, pero está basado en una no muy grata realidad.

En un estudio publicado por el INEGI el pasado 25 de septiembre se nos dice que   8 mil 507 niñas menores de 15 años tuvieron un hijo en México en 2019, lo cual sigue situando a nuestro país como uno de los primeros en América Latina con un alto porcentaje de embarazos entre adolescentes.

Y no solo eso.  De ese porcentaje de nacimientos 298 mil recién nacidos  fueron registrados solo por la madre.

Esto todavía tiene otro tenor: la mayor parte de las mujeres jóvenes que han dado a luz a un hijo y cuyas edades fluctúan entre los 10 y 17 años viven en pobreza extrema y la entidad federativa que registra mayor número de nacimientos en esas condiciones es Chiapas. 

Por supuesto que estas noticias no son motivo de celebración.

El abandono de una niña que se embaraza y vive en pobreza extrema nos muestra ese lado oscuro que muchos se niegan a ver: la violencia intrafamiliar (en caso de aquellas púberes que son abusadas por algún varón miembro de la familia o alguien cercano) y sobre todo  la casi nula  existencia de protección hacia ese sector de la población por parte del estado.

Más allá de los usos y costumbres de cada entidad el estado debe promover campañas intensas de planificación familiar, de educación sexual y sobre todo debe salvaguardar la dignidad de las niñas y jóvenes a fin de impedir el abuso y el subsecuente embarazo precoz.

Aunque a nivel nacional nuestro estado, Veracruz, no se sitúa en los primeros lugares (Veracruz Ignacio de la Llave presenta solo 52  por cada mil mujeres menores de 17 años con embarazos y nacimientos precoces) no se debe bajar la guardia.

La pandemia por Covid-19 y el confinamiento derivado del mismo pueden elevar esa tasa de natalidad entre mujeres jóvenes y niñas.

A esto hay que sumarle la posible deserción escolar derivada de la crisis económica que vivimos, que orillará a más niñas y adolescentes a dejar de estudiar para convertirse en madres, sin tener dinero para la manutención de ellas mismas y de sus hijos.

Nuestras niñas merecen una mejor calidad de vida.

Educar para proteger y guiar para no errar debe ser la meta.

Que ni la pandemia ni el confinamiento y mucho menos la desatención institucional nos conduzcan a elevar estas cifras porque las niñas deben vivir su infancia y adolescencia con alegría y con dignidad.

Es una de las muchas tareas pendientes que tenemos como sociedad.

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